Los pasados días 11 y 12 de julio, tuvo lugar la exhibición aérea en el aeródromo de Duxford, cerca de Cambridge (UK), de viejas leyendas vivas de la WWII como el mítico Spitfire, Hurricane, Me-109, el Mustang P-51 y bombarderos de la talla del B-17 Flying Fortress y el B-25 Mitchell, entre otros...
De camino a visitar a mi mujer, que estaba en aquellos días en Canterbury, tuve la oportunidad de disfrutar con un buen amigo de este gran espectáculo aeronáutico, el sábado 11 de julio.
Primero, una gran exposición estática. Después, el magnífico y siempre espectacular vuelo de estas viejas glorias que, casi milagrosamente, algunos consiguen, no sin mucho esfuerzo, mantener en condiciones de vuelo. Además, por el mismo precio puede disfrutarse de un magnífico museo de aeronaves norteamericanas y visitar diversos hangares en los que se realizan los meticulosos trabajos de restauración y mantenimiento de estas viejas máquinas voladoras. Todo un espectáculo altamente recomendable para los amantes de la aviación y, en especial, de estos clásicos.
Además, el cambio favorable de la libra esterlina, la visita a la preciosa ciudad universitaria por excelencia, Cambridge, y los billetes de bajo coste que ofrecen algunas aerolíneas, hacen muy recomendable la visita... ¡casi imperdonable perdérselo!
Os adjunto la página web correspondiente, donde encontraréis toda la información y mucho más, por si os animáis el año que viene, o en septiembre-octubre, que creo que hay exhibiciones aéreas... ¡Yo repetiré seguro! Que lo disfrutéis.
http://duxford.iwm.org.uk/
domingo, 26 de julio de 2009
miércoles, 1 de julio de 2009
Iniciándome en el PhotoSub
Estos últimos días he estado algo ocupado, en mi tiempo libre. He podido disfrutar de unas jornadas de buceo en aguas de La Palma, en Canarias. En principio, mi objetivo es ganar experiencia para poder disfrutar plenamente de un gran viaje de buceo que está en ciernes, el año que viene. Ya os contaré...
El caso es que, gracias a unos buenos amigos, además de bucear, me estoy contagiando de su pasión y entusiasmo por la fotografía submarina.
Yo había hecho mis pinitos, con una cámara compacta y una carcasa, sin mucho éxito. El caso es que siempre he sentido atracción por la fotografía, en general. Ahora bien, bajo el agua la cosa se complica y encarece.
Así que insistiendo, y con la ayuda y el empuje inestimable de mis amigos, hasta de una simple cámara compacta con carcasa hermética pueden obtenerse fotografías de una calidad aceptable, si bien lejos de la calidad de los trabajos de muchos aficionados y todos los profesionales.
Como dice mi amigo, la clave está en la iluminación, entre otros muchos factores... y con un pequeño flash integrado, no hay mucho donde rascar. Sin embargo, antes de dar el paso a un equipo más versátil, es imprescindible sacarle todo el partido a la compacta y aprender los fundamentos básicos de la fotografía submarina, mientras mejoro mi técnica de buceo.
A continuación, os adjunto una pequeña muestra de esas primeras fotografías que, sin ninguna pretensión, me permiten compartir con todos vosotros las increíbles maravillas que se esconden bajo la superficie, si uno observa con detalle...

El caso es que, gracias a unos buenos amigos, además de bucear, me estoy contagiando de su pasión y entusiasmo por la fotografía submarina.
Yo había hecho mis pinitos, con una cámara compacta y una carcasa, sin mucho éxito. El caso es que siempre he sentido atracción por la fotografía, en general. Ahora bien, bajo el agua la cosa se complica y encarece.
Así que insistiendo, y con la ayuda y el empuje inestimable de mis amigos, hasta de una simple cámara compacta con carcasa hermética pueden obtenerse fotografías de una calidad aceptable, si bien lejos de la calidad de los trabajos de muchos aficionados y todos los profesionales.
Como dice mi amigo, la clave está en la iluminación, entre otros muchos factores... y con un pequeño flash integrado, no hay mucho donde rascar. Sin embargo, antes de dar el paso a un equipo más versátil, es imprescindible sacarle todo el partido a la compacta y aprender los fundamentos básicos de la fotografía submarina, mientras mejoro mi técnica de buceo.
A continuación, os adjunto una pequeña muestra de esas primeras fotografías que, sin ninguna pretensión, me permiten compartir con todos vosotros las increíbles maravillas que se esconden bajo la superficie, si uno observa con detalle...

Langosta canaria (Atlantic Slipper lobster)
Gusano de fuego (Bearded Fireworm)
Cangrejo Araña (Arrow Crab)
Gorgonia Roja (Scarlet Sea Fan)
Morena Negra (I) (Black Moray)
La curiosa y descarada Cabrilla Negra (Blacktail Comber)
Anémona Tubo de Dohrn (Dohrn's Tube Anemone)

Morena Negra (II) (Black Moray)

Esponja Verongia (Yellow Tube Sponge)
Gusano de fuego (Bearded Fireworm)
Cangrejo Araña (Arrow Crab)Morena Negra (II) (Black Moray)
Esponja Verongia (Yellow Tube Sponge)
Gracias, Espe y Jero. Sin vuestro apoyo desinteresado no sería lo mismo.
domingo, 17 de mayo de 2009
Acompañando a Jetman
Aprovechando una visita fugaz a la tierra que me vio nacer, para ver a la familia, tuve la ocasión de visitar a un buen amigo en el aeródromo de Empuriabrava. Siempre que puedo me dejo caer por ahí, y agradezco la oportunidad que me brinda de acompañarle en alguno de los vuelos para lanzar paracaidistas.
Esta vez, sin embargo, fue distinto. En lugar del nutrido grupo habitual de locos parakas, iba a lanzar a Yves Rossy, conocido también como "Jetman" o "Fusion man". Un hombre con un puntito extravagante, ex-piloto de combate, que dedica su tiempo a saltar desde aviones y helicópteros ataviado con unas alas de fibra y un paracaidas. Aprovechando la velocidad que adquiere en caída libre, estas pequeñas alas le proporcionan la sustentación necesaria para volar... mientras cae, claro.

La imagen superior corresponde a "Jetman" momentos antes de lanzarse, ya en el exterior del avión. Instantes después de soltarse, comienza a hichar los extremos de las pequeñas alas, que en el interior, por cuestiones de espacio y ergonomía van desinflados.
En la imagen siguiente, podemos verle con las alas completamente desplegadas en su vuelo de planeo.
Finalmente, después de un vuelo meteórico y siendo prácticamente imposible seguirle con el avión, a pesar de realizar un descenso casi acrobático, Yves abre su paracaidas completando un aterrizaje perfecto en el pequeño aeródromo.
Nosotros, completamos el descenso con el avión para aterrizar en la pista 17 de LEAP, disfrutando de unas vistas maravillosas de la bonita bahía de Roses... hemos sido testigos privilegiados de todo un espectáculo aeronáutico.
Este hombre, pionero en esta modalidad de maravillosa locura, está poniendo a punto su último invento. Le ha añadido unos pequeños motores a reacción a su aerodino, con lo que espera poder prolongar el vuelo; esta vez volar más que caer. En la siguiente imagen podéis contemplar su nuevo juguete, mientras hacía unas pruebas de puesta a punto en tierra:
Si queréis saber más sobre este moderno Ícaro, podéis consultar en su página web, entre otras muchas entradas que encontraréis en internet.
Gràcies, Toni! Mercy Yves!
Esta vez, sin embargo, fue distinto. En lugar del nutrido grupo habitual de locos parakas, iba a lanzar a Yves Rossy, conocido también como "Jetman" o "Fusion man". Un hombre con un puntito extravagante, ex-piloto de combate, que dedica su tiempo a saltar desde aviones y helicópteros ataviado con unas alas de fibra y un paracaidas. Aprovechando la velocidad que adquiere en caída libre, estas pequeñas alas le proporcionan la sustentación necesaria para volar... mientras cae, claro.
La imagen superior corresponde a "Jetman" momentos antes de lanzarse, ya en el exterior del avión. Instantes después de soltarse, comienza a hichar los extremos de las pequeñas alas, que en el interior, por cuestiones de espacio y ergonomía van desinflados.
Gràcies, Toni! Mercy Yves!
martes, 21 de abril de 2009
Buceando en la Polinesia Francesa
Con motivo del viaje de luna de miel, después de mi boda -sí, me he casado recientemente- aproveché la ocasión para bucear en aguas de Bora Bora y Taha'a, en la Polinesia Francesa. No podía dejar escapar la oportunidad, después de tan largo viaje.
La experiencia merece la pena: aguas cristalinas y calientes (28ºC), repletas de vida; miles de peces en los arrecifes de coral, pelágicos, tortugas, rayas y tiburones, amenizan unas inmersiones poco complicadas, ideales para un novato como yo.
Sin embargo, lo que para cualquiera es una experiencia apasionante y divertida, para mi -no soy de los más valientes...- suponía un reto importante: enfrentarme cara a cara con mis miedos irracionales y profundamente arraigados, sin motivo alguno, desde la infancia. La culpa, supongo, es de Spielberg y su famoso "Tiburón" (Jaws, 1975), por culpar a algo o a alguien, si bien es posible que sea simplemente una fobia más...
Un signo claro de la irracionalidad de mis miedos es que, ya desde niño, procuraba, cuando chapoteaba en aguas de la Costa Brava -conocida por sus grandes depredadores...-, que hubiera algún pobre e incauto inocente chapoteando más fuerte y más alejado que yo de la seguridad de la orilla. Iluso y poco solidario, pensaba que aquél sería el primero en caer en las fauces del gran depredador oportunista que nos acechaba, y mientras era devorado a mi me daría tiempo a escapar indemne... desdeñable y poco heroica actitud, la mía; lo sé.
Con el paso de los años, lejos de mejorar, seguía sin llevar demasiado bien el hecho de saltar al agua desde un barco fondeado o incluso, como últimamente, alejarme a nado lejos de la costa en aguas de Canarias. De hecho, no hace tanto fui protagonista de una pequeña aventura. La hazaña consistió en acompañar a unos amigos en una plácida jornada de canoas... la mía se hundió. Y me quedé a merced de las olas, más lejos de la costa de lo deseable y sin chaleco salvavidas. Mis amigos se las vieron y desearon para remolcarme hasta la costa. Mientras pateaba intentando ayudar algo a mi heroico y sufridor remolcador... sentí otra vez esa incómoda sensación.
Así, cuando me planteé la posibilidad de iniciarme en el submarinismo, tuve también pensamientos impuros con respecto a esos viejos temores. Debo decir que ese cierto temor y ligera ansiedad que siento en las situaciones descritas con anterioridad, mejoran sensiblemente al ponerme la máscara (las gafas de buceo) y echar un vistazo ahí abajo. El hecho de ver lo que hay bajo mis pies me tranquiliza... Bueno, supongo que al igual que el miedo del que hablo es algo irracional e infundado, la "solución" que lo mitiga también puede serlo.
Volviendo a la Polinesia, la prueba de fuego y terapia de choque, y otra vez como muestra clara de que mis miedos seguían ahí, después de haber preguntado en mi mal francés - y también en inglés, por si acaso- no menos de 10 veces si eran peligrosos o agresivos los escualos, inicialmente sólo contraté una única inmersión, no fuera a ser que la experiencia resultara traumática o mortal... un hombre práctico y previsor, pienso ahora.
Y como un mal presagio, estando con el barco de buceo fondeados en el lugar, mientras el guía daba el briefing previo a la inmersión, bromeó y dijo:
- "al lanzaros al agua -de espaldas- vigilad no vayáis a caer encima de un tiburón...jejeje", momento en el que ilustró su broma señalando dos siluetas que se paseaban a ras de superficie al lado del barco. Para colmo de malos augurios y clara muestra de la crueldad sin límites de la que hacía gala el guía, éste me mira a los ojos y dice: -"tú serás el primero en saltar al agua, y te quedas en la superficie esperando al resto del grupo...".
Me quedé estupefacto y pensé: es el fin. Terapia de choque, a lo bestia, sin anestesia ni lubricante... El caso es que me dejé caer, resignado a mi destino fatal; eso sí, con mi máscara enfundada y lista para meter la cabeza ahí abajo y vigilar a los amenazantes depredadores, ávidos de sangre fresca de buceador cobarde... Esto fue lo que pude ver... y fotografiar:
No impresiona mucho, pero al poco rato y sin moverme del costado del barco, esperando a que saltaran el resto de valientes, otros eran los que se movían raudos y veloces... Esto fue lo siguiente que pude fotografiar:
Bueno, en honor a la verdad debo decir que eran un par, que luego fueron tres, cuatro y hasta cinco pequeños e inofensivos tiburones de puntas negras... pero tiburones al fin y al cabo. Una vez todos los buceadores en el agua, ya me sentía más seguro en medio de la multitud -éramos cinco-, cual ñu cruzando el Serengueti camuflado en la seguridad de la manada. Mientras transcurría la inmersión, me fui acostumbrando a la presencia de los curiosos escualos y empecé a sentir la euforia del vencedor, pensando que lo había logrado por fin; lo había superado, ¡me había curado!
La segunda inmersión del día, una vez contratada, pretendía ser la confirmación de tan milagrosa cura. Íbamos a bucear con tiburones limón; más grandes -mucho más grandes- y más curiosos... que los pequeños black-tipped. Y así fue, ahí estaba rodeado de tiburones de tamaño más que respetable y muy muy curiosos. Tan curiosos que pude hacer estas fotos (sin zoom):
Estaba orgulloso de mi hazaña, no por el hecho en sí -no es ninguna heroicidad-, pero sí por haber vencido a uno de mis viejos temores, por haberme superado y por sentirme más vivo. Debo confesar que, a pesar de haberlo afrontado y aparentemente superado con éxito, no terminé de sentirme cómodo en esa situación. De hecho lo confirmé al día siguiente, contratada una nueva inmersión, al repetir la hazaña esta vez sin la protección de la manada... era el único cliente ese día y pude "disfrutar" de una clase particular de buceo, con el guía cruel y con los curiosos tiburones que, ese día se acercaron más todavía. Lo dicho, lo hice pero curado del todo creo que no estoy... quizá necesite más sesiones de terapia.
Para terminar, os adjunto un enlace al video de aficionado que realicé de esas memorables jornadas de buceo al otro lado del mundo.
MI VIDEO (haz click aquí para verlo)
Un saludo y os animo a probarlo.
domingo, 8 de febrero de 2009
Visita a los relojes marinos de Harrison
Desde la apasionante primera lectura del libro "Longitud" de Dava Sobel, uno siente una extrema curiosidad por ver las famosas creaciones de John Harrison... los relojes o cronómetros marinos. Así que hace sólo unos pocos días, aprovechando una visita a Londres, me acerqué hasta Greenwich para cumplir este viejo sueño: ver con mis propios ojos aquellas maravillas. El motivo es que la descripción que hace Dava en su libro no hace más que acrecentar la curiosidad por contemplar estas ingeniosas máquinas.
Además, no hay excusa posible estando en Londres, donde tras un corto y cómodo viaje por el Thames a bordo de un Thames Clippers puede uno acercarse a Greenwich. Esta pequeña localidad ya merece la pena por sí misma; pero en ella, además, encontramos el National Maritime Museum (www.nmm.ac.uk), the Queen's House y el Royal Observatory. En éste último, en la Flamsteed House, se encuentran expuestas las cuatro maravillas: el H1, H2, H3 y el ganador del afamado premio como medio de cálculo de la longitud, el H4.
La emoción que siente uno al adentrarse en la exposición, aumenta conforme se perciben el tic-tac y el movimiento regular de cada uno de aquellos magníficos artefactos, algunos todavía en funcionamiento...En orden cronológico, el H1
, el primero que encontramos, fue la primera creación de Harrison, como primer lance para resolver el problema de la longitud y ganar el millonario premio ofertado por el gobierno británico. La construcción de aquella máquina se inició en 1730 y dedicó 5 largos años. La intención de Harrison fue construir una versión portátil de sus relojes de péndulo. Sin embargo, a pesar de que su movimiento acompasado no se veía afectado por el balanceo del barco gracias a un ingenioso mecanismo, por el que además se compensaban los efectos producidos por los cambios de temperatura y que funcionaba prácticamente sin lubricación por los materiales empleados y dispositivos anti-fricción, no fue suficientemente satisfactorio para el propio Harrison, meticuloso y perfeccionista, lo que le llevó a la cosntrucción del H2.
El H2, construido entre 1737 y 1739, era una versión más grande y sólida del H1, con una mejora en el mecanismo de compensación del movimiento. Parece ser que Harrison recibió ayuda para construir este segundo modelo. Sin embargo, el propio Harrison descubrió un fallo de diseño en el mecanismo, y nunca permitió que el H2 fuera probado en alta mar, a bordo de un barco. Tendría que construir un nuevo reloj...
El H3, cu
ya construcción comenzó en 1740 y en el que consumió 19 larguísimos años, tampoco le llevó a ganar el preciado premio; era demasiado grande, pesado y no era capaz de mantener la medida del tiempo con la precisión suficiente... A pesar de ello, este nuevo artefacto incorporaba importantes mejoras técnicas que aún hoy son relevantes y se utilizan...Ver los 3 anteriores artefactos aún en movimiento impresiona, y llega a ponerte la piel de gallina, siendo consciente -por lo menos, de forma parcial hasta donde uno alcanza o se conoce- de toda la historia que guardan estas maravillosas máquinas; el ingente esfuerzo realizado y la importancia de aquel invento... Pero impacta más aún ver el H4, ganador del premio y radicalmente diferente a los 3 anteriores, ... Lo primero que sorprende es su gran tamaño -13 cm de diámetro y un peso de1,45 kg-, a pesar de ser, paradógicamente, el más pequeño de los cuatro. Supongo que ello se debe a que las imágenes que pude ver del H4 en internet (incluida la que adjunto aquí), con anterioridad a mi esperada visita a Greenwich, no dan una referencia de escala y su aspecto recuerda a los "actuales" pequeños relojes de bolsillo. De hecho, uno de esos pequeños relojes de bolsillo inspiró a Harrison para la construcción del H4.
Harrison completó el H4 en 1759. William, el hijo de Harrison, embarcó el H4 a bordo del Deptford el 18 de noviembre de 1761, arribando en Jamaica el 19 de enero de 1962. Al regresar a Portsmouth, a pesar de que el H4 se había retrasado sólo 5,1 segundos durante el largo y duro viaje de 147 días, hubo de pasar "algún" tiempo aún hasta que se reconociera a Harrison como ganador del premio...
En un segundo viaje de prueba en 1764, partiendo de Barbados a bordo del Tartar, William predijo con exactitud la llegada a Madeira y en un viaje de 47 días, el H4 sumó un error total de 39,2 segundos, lo que resultaba ser una exactitud 3 veces mayor que la exigida por el Consejo de la Longitud para ganar las 20.000 libras. Harrison tuvo que desvelar y hacer públicos todos los secretos del H4 para permitir que éste fuera fabricado en masa. Posteriormente, las copias deberían ser testadas...Esta apasionante historia podéis disfrutarla en el libro que os recomendaba, "Longitud", y el colofón es una visita al Royal Observatory de Greenwich. Allí, además de una representación física del actual meridiano cero o de referencia, en la Flamsteed House encontraréis estas cuatro maravillas que no os defraudarán y, además, es gratuita la visita... Por cierto, un apunte más: el meridiano de referencia, que pasó por diversas localizaciones a lo largo de la historia, sufriendo las visicitudes e intrigas políticas, hubo una época en la que pasó por el faro de Orchilla, en la isla de El Hierro, en mis queridas islas Canarias...
Saludos
PD. Las fotografías adjuntas son las que podéis encontrar en internet, puesto que, desgraciadamente, no se permite realizar fotografías en el interior de la Flamsteed House.
viernes, 16 de enero de 2009

El Antropólogo Inocente, de Nigel Barley.
Bueno, aunque mi intención no es convertir esto en un blog literario - no soy quien para ello pues no soy un gran lector-, no quisiera dejar pasar la ocasión sin recomendar este segundo libro que, cuando lo leí hace ya algunos años, recuerdo que tenía que hacer verdaderos esfuerzos para reprimir las carcajadas que me producía y los lagrimones que me caían de la risa... yo solito sentado en el bus, volviendo a casa después de las clases. Y eso que, en principio, al ser un libro sobre antropología, apuntaba a cualquier cosa menos algo para troncharse de risa....
Al buscar información sobre este libro en la red, he encontrado una deliciosa descripción que hace del todo innecesario que os lo cuente yo, dada la escasez de recursos en mi expresión escrita, aun haciendo un esfuerzo. Así que os pongo aquí el enlace que os introducirá en este fantástico libro... me he reído mucho leyendo el ejemplo extraído del libro, que citan en esta descripción; un relato de un humor y una gracia sublimes... leed, por favor, aunque sólo sea eso.
http://www.leergratis.com/libros/el-antropologo-inocente-nigel-barley.html
Disfrutadlo y espero que lloréis de risa como yo.
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