domingo, 31 de julio de 2011

Seguimos a pie del cañón


Seguimos a pie del cañón. Año y medio después del inicio del mayor desaguisado en la reestructuración de la navegación aérea en este país, o lo que queda de él… y de ésta, presuntamente claro.

Últimamente no me prodigo mucho en el blog, por dos razones fundamentales. La primera, he estado muy ocupado salvando el pellejo profesional, huyendo de mi anterior destino, cual rata de un barco que zozobra o empieza a arder. No ha sido muy heroico, es verdad; tampoco pretendía serlo. Los cementerios están llenos de héroes y los imbéciles siguen multiplicándose. Como afirma Pino Aprile en Elogio del Imbécil: “La guerra, por tanto, es un método que la evolución ha inventado para controlar y mermar la inteligencia.” (Gracias, Cristina, por tan interesante recomendación).

La segunda razón es, en línea con mi poca proclividad al heroicismo y sacrificio, que parece ser que llueven expedientes y represalias de todo tipo por decir o escribir lo que uno piensa, en un Estado de derecho "bien" asentado como el nuestro… Y como la justicia en este país está como está, como para echarse a la arena del circo y esperar la benevolencia y piedad de jueces y verdugos.

Bueno, realmente habría una tercera razón. Y es el desagradable y cansino acoso que he venido sufriendo, por parte de uno de mis tres seguidores (sí, son sólo tres, creo…) en anteriores posts. El pobre, que quizás conozca personalmente pero ahora no caigo, arropado por la muchedumbre linchadora y escondido tras el cobarde anonimato, se ha apuntado a la caza de brujas y desparruchamiento del colectivo profesional al que estoy muy orgulloso de pertenecer. Con ello se entretiene el respetable últimamente, mientras el país se va a la mierda y los responsables, los de siempre, salen indemnes.

Se ha abierto la veda y hay barra libre para envidiosos, frustrados, imbéciles de todo tipo y demás seres despreciables, entes o almas que vagan en pena por el ciberespacio, intentado llenar sus vacías vidas con algo de virtualidad, que no de virtuosidad.

Volviendo al tema. De nuevo al pie del cañón. Pasándolas putas, eso sí. Que uno tiene sobrada y demostrada resistencia a la frustración y temple en situaciones difíciles; pero no somos de piedra y las hostias dejan huella, física y mentalmente. Nota del autor: Esta parte, presupongo que le dará cierto gusto y satisfacción a mi frustrado acosador...

Siguiendo con las vicisitudes, después de la correspondiente mudanza, desde una remota y preciosa isla de la Macaronesia a tierra firme –eso sí es una heroicidad–, he estado inmerso en el siempre duro proceso de obtención de la habilitación local en el nuevo destino, que uno no está ya para muchos trotes.

A estas alturas yo me veo verde aún, pero parece ser que “hay prisa” en que obtenga mi habilitación local y pueda empezar a producir, a ver si así mejoramos los índices de productividad y de puntualidad que los grandes “gestores” de la santa casa que me acoge, laboralmente hablando, se han encargado de vilipendiar, tergiversar y malversar penosa y presuntamente, claro. Pero no, no faltan controladores, ¡qué va!

Lo de habilitarse en plena temporada alta en un aeropuerto importante –por el nivel de tráfico que tiene, no por otra cosa– tiene su aquél, y mucho más en las actuales y penosas circunstancias… Y me trae entrañables recuerdos de pasados y épicos tiempos, que nunca volverán, en la mítica escuela de control y sus “pasadas” infernales en el simulador. Pero eso es otra historia.

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